sábado, 21 de diciembre de 2013

Trasplantaron un corazón artificial, con tejidos biológicos.

     El corazón implantado, genera una circulación sanguínea de forma autónoma a nivel fisiológico.
Actualmente el paciente se encuentra, bajo vigilancia, en reanimación, despierto y se comunica con su familia.

     El director general de la empresa, Marcello Conviti, pidió prudencia sobre los resultados de este primer implante porque "sería prematuro sacar conclusiones cuando se trata de un único trasplante", y porque el período postoperatorio es todavía "muy corto".
Carmat presentó hace cuatro años esta revolucionaria prótesis como una solución a "decenas de miles" de pacientes con insuficiencias cardíacas y que no tenían acceso a un donante natural.

     Pero hasta septiembre pasado la empresa no tuvo el permiso de las autoridades sanitarias francesas para proceder al primer implante en un ser humano.

     Los especialistas de Carmat confían en que el corazón artificial que ha desarrollado imite a la perfección el funcionamiento de un órgano natural, adaptando de forma autónoma su ritmo a la actividad del portador sin necesidad de un control externo.


(No es el susodicho corazón)
     La prótesis está desarrollada a partir de los componentes, a menudo de origen animal, de las válvulas cardíacas concebidas por el profesor Alain Carpentier, cofundador de Carmat. Gracias a sus tejidos biológicos y a su concepción autónoma, el corazón resuelve, de acuerdo con sus creadores, los principales problemas a los que se enfrentan las prótesis cardíacas artificiales.

     Al contacto con materiales artificiales, la sangre crea coágulos de sangre que multiplican los riesgos de accidentes cardiovasculares. "Los materiales biológicos utilizados en este corazón son hemocompatibles, lo que limita los riesgos de coagulación", señaló Carpentier durante la presentación de la prótesis en 2008.

     El corazón está dotado de sensores electrónicos y de un complejo sistema electromecánico que detecta la posición en la que se encuentra el paciente –de pie, sentado o tumbado– además de la presión venosa y arterial ligada a su actividad, por lo que adapta la frecuencia cardíaca y el fluido a las diferentes situaciones.

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